domingo, 18 de julio de 2010

Comienzo

La primera vez que fui a la fábrica me agarro una tristeza de novela. El día era gris, las aulas no tenían vidrios, no alcanzaban los asientos y había mucha gente sentada en el piso que por supuesto no daba más de lo sucio. Los bancos tenían pegados stickers de unos partidos políticos que me deprimían aún más de lo mediocres y anacrónicas que me sonaban sus propuestas. Era todo surreal. Bueno, surreal para mí que venía de un lugar donde los ascensores te daban los buenos días y te decían la temperatura. Ahora que lo recuerdo a la distancia es evidente que lo surreal era a lo que yo me había acostumbrado en los cuatro años que pasé en el shopping.

No hay comentarios:

Publicar un comentario